En plena transformación del sector textil, la sostenibilidad no puede medirse únicamente en toneladas recicladas. También debe medirse en recursos que se conservan, prendas que se reutilizan y oportunidades que se generan para las personas.
Cada 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, volvemos a poner el foco en algunos de los grandes desafíos ambientales de nuestro tiempo: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el consumo de recursos o la gestión de residuos.
Entre ellos, el sector textil ocupa cada vez un lugar más relevante.
La creciente generación de residuos textiles, los nuevos objetivos europeos de recogida separada y la puesta en marcha de sistemas de responsabilidad ampliada del productor están impulsando un debate necesario sobre cómo gestionar millones de prendas cuando llegan al final de su vida útil.
Sin embargo, existe una reflexión que no debería quedar fuera de la conversación.
Cuando hablamos de economía circular solemos centrar nuestra atención en el reciclaje. Es lógico. El reciclaje es una herramienta fundamental para avanzar hacia modelos más sostenibles. Pero la economía circular no empieza cuando una prenda se convierte en residuo. Empieza mucho antes.
Empieza cuando una prenda se diseña para durar. Continúa cuando se repara, se reutiliza o encuentra una segunda vida. Y solo cuando esas opciones dejan de ser posibles, llega el momento del reciclaje.
Por eso, desde Koopera creemos que el verdadero reto no consiste únicamente en gestionar mejor los residuos textiles, sino en conseguir que cada vez menos prendas lleguen a convertirse en residuos.
La reutilización sigue siendo una de las herramientas más eficaces para reducir el impacto ambiental del sector. Cada prenda que vuelve a utilizarse evita el consumo de nuevas materias primas, reduce el uso de agua y energía y disminuye las emisiones asociadas a la fabricación de nuevos productos.
Pero existe otra dimensión que con frecuencia recibe menos atención. Las personas.
La economía circular no es únicamente una cuestión de materiales. También es una cuestión de oportunidades.
Detrás de cada prenda recuperada existen procesos de recogida, clasificación, preparación para la reutilización, venta y sensibilización. Procesos que generan empleo local y que, en el caso de entidades como Koopera, se convierten además en itinerarios de inclusión sociolaboral para personas que encuentran mayores dificultades de acceso al mercado de trabajo.
Por eso defendemos que la sostenibilidad debe medirse de forma integral.
No solo en toneladas gestionadas.
No solo en porcentajes de reciclaje.
También en recursos que se conservan, emisiones que se evitan y oportunidades que se crean.
En un momento en el que se están definiendo los modelos que marcarán el futuro de la gestión del textil en España y en Europa, resulta especialmente importante no perder de vista esta perspectiva. La transición hacia una economía más circular necesita innovación, infraestructuras e inversión. Pero también necesita reconocer el valor de quienes llevan décadas demostrando que es posible combinar impacto ambiental e impacto social.
Porque proteger el medio ambiente y generar oportunidades no son objetivos incompatibles. Al contrario. Son dos caras de una misma solución.
Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, compartimos una reflexión de Pedro Carrasco, director de Relaciones Institucionales de Koopera, publicada en Diario Responsable bajo el título «El elefante en la habitación del residuo textil», una invitación a repensar qué entendemos realmente por economía circular y qué papel deben ocupar la reutilización y las personas en el sistema del futuro.



